domingo, 24 de octubre de 2010

ONE

Ella se despertó en su piso. Él estaba a su lado, con su pelo enmarañado y esa sonrisa que jamás le abandonaba, ni siquiera cuando dormía. Eso le hacía sonreir cada mañana.

El olor del té recién hecho le trasladó a todos aquellos sábados en su casa. Tostadas, zumo, mermeada... Incluso podía escuchar como su padre untaba en la tostada la mantequilla.

Aquello, que ahora se le antojaban como manjares, siempre combinado con la lectura que su madre le había inculcado desde pequeña. Aquellos desayunos se echaban de menos a 6000 km de distancia.

"Os echo de menos" se repetía en voz baja e, incluso, alguna lágrima furtiva acompañaba aquellos susurros. Ella (podía) pero nunca decía aquellas palabras en alto. En su casa nunca habían sido dados a expresar los sentimientos.

"Esas cosas se sienten, pero no se dicen" había pensado ella desde que era pequeña. Jamás dejaba ver ese inmenso deseo de gritar y decirles lo mucho que les quería y lo muchísimo que les echaba de menos. "Cuando vuelva, se lo diré" repetía constantemente, nunca lo iba a hacer, lo sabía de sobra.

En ese momento él se despertó, y con su mirada, esa mirada que a ella le paralizaba el corazón, dijo: "Good morning my love". En ese momento, la nostalgia desapareció y la ilusión por crear una nueva vida tomó forma en su interior.

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