GRADIVA
Dalí, temblando, preguntó a Gala: "¿Qué-quie-res-que-ha-ga?". Y Gala le respondió con el rostro transformado, duro y tiránico: "¡Quiero que me mates!". "¿Y si la tirara desde lo alto de la catedral de Toledo?", se preguntó Dalí. Pero como estaba previsto, Gala era la más fuerte. "Gala me liberó de mi crimen y me curó de mi locura.
¡Gracias!
¡Quiero amarte!
Te desposaré.
Mis síntomas histéricos desaparecieron uno tras otro como por encantamiento y yo volvía a ser el dueño de mi sonrisa, de mi risa, de mis gestos. Una salud nueva brotaba como una rosa de mi cabeza".
Dalí
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